domingo, 13 de mayo de 2012

En cuanto a los idiomas y otras veladuras

"Las palabras entre paréntesis son los intentos del traductor de precisar el sentido del texto según la idea dominante del autor. Una traducción (tarjuma) del árabe o del chino a una lengua occidental corresponde exactamente a un comentario indígena, en la lengua del mismo texto"

"Cualquiera que pretenda que una cosa pueda existir con Allâh (importa poco que esta cosa exista por sí misma o bien por Él), que se extinga de su existencia y o de la existencia de su existencia, tal hombre, digo, está lejos de tener la menor percepción del conocimiento de su alma y de sí mismo*
* Literalmente: ... está lejos de sentir el perfume del conocimiento del alma, es decir, de sí mismo."

"La idolatría de la bi-existencia (el dualismo) no ha escapado a ningún teólogo islamita que haya pensado en árabe. Esta lengua es algebraica, de modo que el estudio de su gramática es, por decirlo así, la exposición del mecanismo del pensamiento. Es difícil hacer un razonamiento falso en árabe sin cometer faltas de sintaxis, de léxico u otras. La perspicuidad de la frase árabe es la mejor prueba de la santidad de esta lengua, es decir, de su primordialidad o de su edenismo. En el chino, y en parte en el malayo, se encuentran cosas análogas."

Dónde lo vi:
El Tratado de la Unidad, Ibn Arabi.

sábado, 12 de mayo de 2012

Veneración

En ocasiones, la figura del Triunfo no se vale de escalas cromáticas o se erige en puentes que no parecen enlazar nada, sino que se descifra en las líneas. Es este triunfo, el del hombre sobre la muerte, el que Ortega ingresa en El Imparcial. Entroniza el fallecimiento de Navarro Ledesma como palanca, es el cuerpo pútrido que alimentará creaciones. Ortega confiesa la debilidad de juventud que yo ahora ostento.

Para la Sra. Doña Eloísa Navarro Ledesma de Cubas.

El triste adamita pasa en menoscabo al través de la vida llevándose a sí mismo a la rastra: va cargado de afanes y de dolores, más que cargado va rendido so la gravedad de un perenne desencanto. Las ilusiones, las esperanzas se le han caído, como mal prendidos cascabeles, en la primera jornada. Sigue haciendo camino con el ánimo sordo, merced a un impulso oscuro, ciego, impersonal. Un día, entre que el sol sale o no sale, llega sobre el hombre una noche definitiva: se siente hundido en un descanso oscuro, ciego, impersonal. ¡Bebiotai, bebió tai! ¡Ha vivido, ha vivido!—decían entonces los griegos. Los amigos creen por un momento que se han quedado solos: lloran: a la luz de un mezquino sol rojo echan sobre el residuo carnal unos puñados de santa tierra: luego se enjugan las mejillas: por fin, advierten que el fenecido ha traspuesto sus memorias, como una nube el horizonte. 
La historia, por lo vieja y por lo irremediable, no nos interesa —dirá alguno—. Vieja sí que lo es, satánicamente vieja, pero ¿irremediable...? 
Los grandes pueblos han nacido en torno a las cenizas de sus muertos: Egipto, Grecia, Roma, se han formado en la religión de los difuntos: la energía de estas razas irradiaba de las urnas cinerarias que en la secreta penumbra de todos los hogares latía místicamente como corazones inmortales 
Los muertos no mueren por completo cuando mueren: largo tiempo permanecen; largo tiempo flota entre los vivos que les amaron algo incierto de ellos. Si en esta razón respiramos a plenos pulmones y abrimos las puertecillas todas de nuestro sentimentalismo, los muertos entran dentro de nosotros, hacen en nosotros morada y agradecidos, como sólo los muertos saben serlo, déjannos en herencia la henchida aljaba de sus virtudes. 
Una conjunción de venturosas circunstancias ha hecho a algunos hombres inmortales; pero esto no quiere decir que no deban serlo también otros. En todo ser hay una virtud, cuando menos, que tiene derecho a ser inmortalizada. -Es injusto e inmoral preguntar de un muerto solo: ¿Qué ha hecho? Hay que preguntar también: 
¿Qué ha sido? 
Esta es precisamente la labor religiosa impuesta a los que conocieron y sintieron el ardor espiritual de algunos hombres muertos a destiempo y cuyos esfuerzos, rotos por un error de la suerte, permanecen eternamente proyectados sobre el vacío como arcos incompletos, como imágenes frustradas en que las líneas no se cumplen, las dovelas no se aunan y se yerguen sin estatuas los plintos. 
Así Navarro Ledesma murió al comenzar su labor constructora; ahí está el bloque de blanco mármol; sobre él dio la mano inspirada unos golpes de cincel; unas confusas líneas marcan sospechas de figuras poderosas, de brazos con músculos tendidos, de torsos egregios, de rostros sugestivos y enigmáticos. Pero el escultor ha muerto; la obra múltiple, honda, sincera, educadora, evangélica, queda por siempre inexplicada, perdida entre los prietos granos de la mole indiferente; so ese mundo nuevo que iba a surgir cae la única manera irremediable de muerte: la de lo que se queda sin nacer. 
Dentro de algunos años acaso parezca confuso a una nueva juventud esto de que hoy echemos algunas flores de recuerdo en torno a la memoria de Navarro Ledesma. Su obra, esparcida a todos los vientos en forma de escritos periodísticos, no es su obra: el que quiera sobre esas páginas compuestas sin tiempo, sin esperanza y sin libertad, erigir un juicio, comete una injusticia. El tiempo, la esperanza y la libertad son los tres demiurgos que elaboran los planes del poeta, y los tres faltaron totalmente a Navarro Ledesma por una conjunción de adversas circunstancias. 
En la historia del pensamiento aparecen a lo mejor nombres ante los que mostraron gran respeto sus contemporáneos, pero que no dejaron obra sobre que nosotros podamos hoy reconstruir definidamente aquella alma venerable. Sea un ejemplo Sócrates. Pero ¿qué cosa fue Sócrates? Y ved lo que tenemos qué responder: Sócrates fue Platón y Jenofonte, Sócrates es un poco de todos nosotros, que desde hace veinticinco siglos vamos naciendo con unos acordes socráticos dentro de Ia armonía equívoca de nuestro espíritu. Mas para nosotros, Sócrates es una idea que nos enseñó Platón, al tiempo que para este divino filósofo, Sócrates fue una aventura; mejor aún, la aventura, aquel momento de la vida individual que polariza, que cristaliza en forma decisiva el resto de esa vida individual. 
Navarro Ledesma fue mi aventura. Tú, señor lector, leerás esta frase con indiferencia, pero es que tal vez no sepas qué hacecillo de abrojos y de amarguras, qué respiradero de inquietudes, qué cúmulo de anhelos dolientes, de dubitaciones, de tanteos desesperados, de ambiciones imposibles, constituye eso que llamaríamos el alma de un español de veinte años. Si lo ignoras, te pido noble respeto ante una cosa que es para ti un misterio, y prometo que alguna vez intentaré aclarártelo. 
Navarro Ledesma fue para mí una aventura, porque coexistían en él junto a una agudísima e incansable ideación las dos más altas virtudes modernas: el cumplimiento de los deberes oscuros y el idealismo inmarcesible. 
Conforme va el hombre viviendo. múdanse sus pensamientos, quiébranse sus proyectos, entran otros en su lugar, llegan y pasan bramando las pasiones, trastrócanse mil veces las ambiciones, mueren los amigos y los hermanos, sobreviven otros amigos y otros hermanos, todo se estremece y oscila, se trasmuda y huye, se renueva y cambia. En tanto una sola realidad permanece, una sola cosa está sentada a nuestro lado tácitamente y si caminamos hace vía con nosotros: el Deber, pardo, vulgar personaje sin historia. En tanto que fuera y dentro de nosotros sin cesar todo se muda, nosotros tenemos que cumplir con nuestro deber. ¿Qué deber? ¿Ese bello deber de conquistar un reino, de fundar una religión, de decir una verdad atrevida? No, no, esos son llamamientos unipersonales con que Dios regala a algunos hombres y que en el fondo les ensoberbecen. Hablo del deber anónimo, del deber cambiado en cuartos, el de este instante que está frente a nosotros y el de todos los instantes. Es ese deber sin flores y de frutos invisibles, ese deber hospiciano que forma el más hondo sedimento sobre el que se apoya todo el esplendor de la vida social: el deber del trabajo. Navarro Ledesma, que intelectualmente había hecho la vuelta de todas las quitaesencias enfermizas o sabias de la moral nueva, cumplió santamente, un día y otro, con esos deberes oscuros. Aquí tenéis un ejemplo de una de las dos sublimes virtudes democráticas. E l antiguo y conocido campo del Deber es el lugar de liza y de hazañas para los modernos caba- lleros, y cumplir en ese paso honroso de la Obligación, la muestra más cierta de virilidad moderna. 
Hay quien espera a entrar en el combate cuando el rey está mirando; hay quien para escribir necesita, como Buffon, unos puños de encaje; hay quien es como Aristo, aquel filósofo galante que disertaba únicamente cuando le llevaban en litera. Hay, en cambio, quien trabaja siempre que es preciso, donde quiera y como quiera. 
He llamado idealismo inmarcesible a la otra virtud que había eminentemente en Navarro Ledesma. Tú, señor lector, sabes bien, ¿no es cierto?, lo que es un ideal. El mundo es como es: nosotros quisiéramos que fuera de otra manera, y nos afanamos por lograrlo. Los hombres son injustos; nosotros creemos que la justicia debe hacer entre los hombre su firme nido de cigüeña. Los españoles somos fanáticos: tú y yo creemos que los españoles deben ser tolerantes. Al mundo que es oponemos un mundo que debe ser. Sobre la realidad trabajamos por fundar la idealidad. Este, estado de ánimo en que la idealidad halla siempre amorosa resonancia, es lo que llamo idealismo. La mocedad es siempre idealista: en ella el idealismo es fisiológico y tiene escaso mérito. Pero todos los alientos noblemente excesivos tras cosas ideales suelen agotarse antes de los treinta años en razas cansadas y mujeriegas como la nuestra. La vida es, ante todo, una faena de domesticación y de poda de ilusiones; mas, por lo mismo, es preciso entrarse por ella con pasto abundante en que se cebe, como es preciso en casi todas las enfermedades entrar rollizo para que algo sobrequede a la postre. Una injusticia suscita en un mozo indignación, en un viejo nostalgia de la indignación. 
Navarro Ledesma había sufrido mucho, moral y físicamente: su mocedad se había anegado en una labor incesante y rudísima: por eso, habiéndole faltado la juventud ardorosa, pasional, turbulenta, conservó durante toda su vida una juventud más quieta, más armoniosa, más de Clara fuente risueña, pausada y fresca; mantúvose siempre capaz de indignación y de entusiasmo; tuvo, en fin, hasta la muerte, sobre su rostro ancho y reciamente asentado en los hombros esa tierna expresión con dejos melancólicos que conservan en la mirada las vírgenes viejas. Suelen hacernos las desventuras de vidrio, como al licenciado, y no quisiéramos movernos para quebrarnos. De ordinario, en la llamada experiencia, más que aprender nuevas verdades aprendemos el olvido de esas difíciles verdades eternas que nos impulsan a la guerra santa contra la realidad. Por esto sorprende hallar algún hombre en quien luego de años largos de dolor, perdure la exaltación idealista, la segunda virtud democrática, girondina. Nietzsche hubiera llamado a Navarro Ledesma, como se nombraba a sí mismo: «Argonauta del ideal». 
No reduzcamos los muertos a las obras que dejaron: esto es impío. Recojamos lo que aún queda de ellos en el aire y revivamos sus virtudes. 
¡Resucitemos a los muertos virtuosos de entre los muertos! 

Diario El Imparcial, 14 septiembre 1906.

Dónde lo vi:

domingo, 23 de octubre de 2011

Humor inglés

De un lugar se llega a otro por azares sorprendentes. Estoy leyendo ahora mismo un artículo sobre la traducción, sus límites e intereses, centrada en el transvase de las lenguas clásicas (latín y griego) al inglés, idioma materno del autor de este comentario.

Imposible pasar por alto esta anécdota que recoge Carne-Ross, introduciendo un fragmento traducido al francés de la Eneida por Pierre Klossowski:
"At first and even second sight it is scarcely comprehensible, following as it does the word order of the Latin, and recalls the Oxbridge joke about those Loeb versions where one must look across to the Greek or Latin to find out what the English means"
(En un primer e incluso segundo vistazo es difícilmente comprensible, siguiendo tal y como lo hace la ordenación de las palabras del latín, y recuerda a la broma de los alumnos de Oxford y Cambridge sobre esas versiones de Loeb en las que uno tiene que buscar en los originales latinos o griegos para descubrir qué está diciendo en inglés.).

Más pronto.
Dónde lo vi:

sábado, 1 de octubre de 2011

E8. La belleza es una función.


La forma geométrica resultante es producto de una mezcla de parámetros que hacen que los distintos puntos (llamémoslos pintores) tiendan hacia un punto común (llamémoslo belleza). Estos puntos son simétricos.
En el momento en que un pintor muestre un nuevo parámetro de cálculo, el E8 se convierte en una figura distinta, cuyo lugar de tendencia no cambia, pero que utiliza nuevos ingredientes en su búsqueda infinita.

domingo, 26 de junio de 2011

Aleatorio

Tina Chang: Do you think that absence has a presence, too?

Li-Young Lee
: I love that question. I’ve been thinking about something for a long time, and I keep noticing that most human speech—if not all human speech—is made with the outgoing breath. This is the strange thing about presence and absence.

When we breath in, our bodies are filled with nutrients and nourishment. Our blood is filled with oxygen, our skin gets flush; our bones get harder—they get compacted. Our muscles get toned and we feel very present when we’re breathing in. The problem is, that when we’re breathing in, we can’t speak. So presence and silence have something to do with each other.

The minute we start breathing out, we can talk; speech is made with the outgoing, exhaled breath. The problem that is poses, though, is that as we exhale, nutrients are leaving our bodies; our bones get softer, our muscles get flaccid, our skin starts to loosen. You could think of that as the dying breath. So as we breath out, we have less and less presence.

When we make verbal meaning, we use the dying breath. In fact, the more I say, the more my meaning is disclosed. Meaning grows in opposite ratio to presence or vitality. That’s a weird thing. I don’t know why God made us that way.

It’s a kind of paradigm for life, right? As we die, the meaning of our life gets disclosed. Maybe the paradigm for living is encoded or embedded in speech itself, and every time we speak we’re enacting on a small-scale, microcosmic level the bigger scale of our lives. So that the less vitality we have, the more the meaning of our lives get disclosed.


Tina Chang
: ¿Cree que existe presencia dentro de la ausencia?

Li-Young Lee:
Me encanta esa pregunta. Llevo mucho tiempo pensando en algo parecido, y sigo notando que la mayor parte del habla humana (si no toda habla humana) está hecha de espiraciones. Eso es lo extraño de la presencia y la ausencia.

Cuando inspiramos, nuestros cuerpos se llenan de sustento y nutrientes. Se nos llena la sangre de oxígeno, se ruboriza la piel, se endurecen los huesos: se vuelven compactos. Se tonifican los músculos y sentimos intensamente nuestra presencia cuando inspiramos.El problema consiste en que, cuando inspiramos, no podemos hablar. De manera que la presencia y el silencio están en cierta manera relacionados.

Al empezar a espirar, podemos hablar; el habla está hecha de exhalaciones, de espiraciones. Sin embargo, el problema que se plantea es que cuando exhalamos aire, se nos escapan del cuerpo los nutrientes, se ablandan los huesos, los músculos se vuelven flácidos, se nos relaja la piel. Se podría pensar que es un aliento mortal. Así que cuando espiramos, nos deshacemos más y más de nuestra presencia.

Cuando nos comunicamos verbalmente, utilizamos este aliento mortal. De hecho, cuanto más hablo, más se desvela el sentido de mis palabras. Este sentido crece en un radio opuesto a la presencia o la vitalidad. Es algo curioso. No sé por qué Dios nos hizo así.

Es como un paradigma vital, ¿no? Cuando morimos, el sentido de nuestra vida se revela. Quizás el paradigma de la vida esté codificado o insertado en el mismo discurso, y cada vez que hablamos estemos representando en pequeña escala, en un nivel microscópico, la gran escala de nuestras vidas. Así que cuanta menos vitalidad tengamos, mayor será el sentido de la vida que revelamos.


miércoles, 15 de junio de 2011

Razas extrañas

¡

"Intrigado por el folclore americano, el biólogo noruego Thor Heyerdahl había comenzado a sospechar que en las Islas del Mar del Sur se había instalado una antigua civilización que venía de miles de millas por el este, dirigida por el héroe mítico Kon-Tiki. Heyerdahl sabía que los vientos alisios y las corrientes marinas de la costa sudamericana se dirigían hacia Polinesia. Ridiculizado por los científicos del momento, que habían dado por hecho que un viaje de una balsa aborigen de Perú a Polinesia era imposible, decidió demostrar la posibilidad de su teoría repitiendo el legendario viaje. La consiguiente expedición fue aclamada como una de las más maravillosas hazañas de audacia y valor de su tiempo."



Dónde lo vi: